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Danny & Luisa
¡Nos casamos!
Nos hace ilusión compartir nuestra boda contigo.
13 de febrero de 2027
"El amor nunca deja de ser."
1 Corintios 13:8
Un mensaje urgente, unos cuantos Coffee Days y una amistad que, sin darnos cuenta, terminó convirtiéndose en nuestra historia.
Todo empezó con un mensaje urgente: Luisa acababa de llegar y necesitaba una información que, según le dijeron, tenía un tal Danny. El problema fue encontrarlo, porque no sabía cómo se escribía su nombre y estaba buscando Daniel, Daniela… y luego que respondiera el mensaje.
Según él, sí respondía, solo que “a su tiempo”. Así que encontré una manera bastante efectiva de llamar su atención: los mensajes urgentes de Teams, de esos que suenan una y otra vez hasta que los respondes.
Tiempo después nos conocimos en persona, y lo que se me ocurrió para hablarle a Luisa fue preguntarle cómo hacía para enviar esos mensajes urgentes. Y desde ahí empezamos a coincidir y a hablar cada vez más: reuniones, visitas, conversaciones, y ahí nacieron nuestros Coffee Days — la idea era ir cada semana a cafés diferentes para conocernos. Jajaja, hoy en día a Danny el café ya no le sienta tan bien.
Y así pasó un año siendo solo amigos, aunque la gente decía otra cosa. Y ahí empecé a hacer cosas para que Luisa se diera cuenta de mi interés, pero ella ni por enterada.
Hasta que un día me animé a decir:
“Me gusta pasar tiempo contigo”.
Y Luisa respondió, muy chistosa ella:
“A mí también me gusta pasar tiempo conmigo”.
No fue exactamente la respuesta que esperaba, así que me tocó hablar de frente y decirle que me estaba gustando y que quería otra cosa. Y fue así como decidimos darnos una oportunidad.
Una orquídea que todavía florece, un “no” de broma y un “sí” de verdad. Así empezó nuestro noviazgo, entre risas, viajes y planes que no siempre salían como esperábamos.
Danny conoció a mi familia de una forma que ninguno de los dos había planeado. Tuve una calamidad en casa y él estuvo pendiente, preguntando qué necesitaba y ofreciendo su ayuda. Para mí, ese fue uno de esos momentos en los que empecé a darme cuenta de que ya estaba ocupando un lugar importante en mi vida.
Y fue ahí cuando decidí hacerlo oficial.
Un día le dije a Luisa que tenía una sorpresa y que se alistara porque íbamos a hacer un mini viaje. Cuando pasé a recogerla, llegué con una orquídea que, por cierto, todavía sigue viva y muy florecida. Le dije que íbamos a empezar una aventura, preparé su comida favorita, le leí un poema que había escrito para ella y, al final, le pregunté si quería ser mi novia.
Obviamente, Luisa tenía que ponerle un poquito de emoción al momento. Primero dijo que no, dejó pasar unos segundos eternos y después se soltó a reír: “Solo estaba molestando”. Por suerte, después llegó el sí.
Y así empezaron muchas más aventuras juntos: viajes, risas, comidas, planes, momentos de conocernos cada vez más y, claro, uno que otro desacuerdo.
Con el tiempo, Danny empezó a preguntarle a Dios que le diera sabiduría y señales para saber si Luisa era la mujer con la que quería compartir su vida. Y poco a poco empezó a sentir que sí. Ahora solo faltaba encontrar el momento perfecto para dar el siguiente paso… aunque los planes comenzaron a complicarse un poquito.
Primero habíamos pensado viajar a Europa y Danny pensó: “Será allá”. Pero después Luisa decidió que era mejor ahorrar y dejar el viaje para el siguiente año, porque veía difícil viajar este año.
Luego apareció la idea de sacar la visa. Ahí tuvimos nuestras discusiones, porque Luisa estaba bastante decidida a no viajar a Estados Unidos… ni a viajar ese año, en realidad. Hasta que Danny logró convencerla y finalmente decidió sacar la visa.
Y justo el día en que se la aprobaron, Luisa me llamó con una idea bastante inesperada:
“Compremos ya los pasajes y vámonos a Nueva York”.
Y fue así como Dios me acababa de dar la oportunidad perfecta para buscar el anillo y empezar a preparar la sorpresa.
Un parque en Nueva York, un anillo escondido en una maleta sospechosa, y una pregunta que lo cambió todo.
El último día del viaje coincidía con nuestro año y nueve meses de novios, y Danny ya me había dicho que ese día íbamos a salir a celebrar y que él lo tenía todo planeado. Aunque el día empezó con una pequeña discusión, algo de trabajo pendiente y una maleta sospechosa que, según él, necesitaba para una reunión.
Terminamos en Central Park, en una cafetería donde un señor muy amable nos cedió su mesa y empezó a conversar con nosotros. Nos habló de lo mucho que le gustaba el parque y nos preguntó si en Bogotá había algo parecido. Danny, muy convencido, respondió: “El Simón Bolívar”. Y sí, todavía nos reímos de eso.
Después seguimos caminando por el parque hacia un lugar que Luisa quería conocer y que el día anterior no habíamos alcanzado a visitar. Mientras ella disfrutaba el paseo, yo estaba buscando un lugar que había visto.
En un momento Danny me propone buscar un sitio bonito para tomarnos una foto e ir hacia unas rocas. Yo le dije que mejor nos devolviéramos a donde estábamos, porque había visto otro punto que me gustaba más. Danny aceptó, aunque por dentro ya estaba bastante nervioso, porque en el punto exacto que ella quería había mucha gente y no era exactamente el lugar que había planeado.
Y justo cuando caminábamos hacia donde Luisa quería, apareció una entrada con la misma vista, pero completamente sola. Para mí fue como si Dios hubiera abierto ese espacio justo en el momento perfecto.
Entonces empezó la estrategia de la foto. Primero le dije que le iba a tomar una para cuadrar el ángulo. Después otra de espaldas, y Luisa no quería de espaldas; después de insistirle, finalmente aceptó.
Cuando me giré de nuevo, encontré a Danny con el anillo en la mano, intentando arrodillarse como podía porque me había volteado demasiado rápido.
Y entonces llegó la pregunta:
“¿Te quieres casar conmigo?”
Ese día, New York dejó de ser simplemente una ciudad que Luisa no se moría por conocer y se convirtió en uno de los lugares más especiales de nuestra historia.
Y, sin esperarlo, también en una de nuestras ciudades favoritas.
Hacienda Montecano
Subachoque, Cundinamarca
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